El exalcalde descarta regresar a la política activa «a corto plazo», pero sin cerrar del todo la puerta: «No quiero tener que desdecirme luego, así que no puedo decir de este agua no beberé».

La Sección VI de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife dictó el pasado 30 de abril la sentencia que se trasladó a las partes en la tarde de este miércoles 12 de mayo y confirmó la absolución del exalcalde de Puerto de la Cruz, exconsejero insular y ex coordinador general del Partido Popular en Canarias, Lope AfonsoLa resolución judicial llegó 20 meses después de que una condena a nueve años de inhabilitación por un ahora inexistente delito de prevaricación continuada acabara de forma abrupta y temporal con la prometedora carrera de este joven político portuense, nacido el 3 de agosto de 1979 y afiliado al PP entre 1998 y 2019. Nada más ser condenado, dimitió de todos sus cargos, dejó el partido, se alejó de la política y se centró en su familia y en su actividad profesional.

La justicia ha anulado la sentencia condenatoria que dictó el Juzgado de lo Penal Número 2 de Santa Cruz de Tenerife por la autorización de varios mercadillos de artesanía en Puerto de la Cruz entre 2012 y 2014, durante su etapa como concejal de Desarrollo Económico. Para la Audiencia Provincial, «no consta probado que las citadas autorizaciones en las que actuó el acusado se concedieran para favorecer a unos solicitantes frente a otros o que se autorizaran actividades prohibidas. Ni que se hubiera denegado a ningún solicitante la instalación de un mercadillo. Ni que el acusado obtuviera provecho o beneficio alguno de las autorizaciones o que se hubieran concedido con arreglo a criterios discriminatorios». Tampoco que las autorizaciones otorgadas sean «una resolución arbitraria, dictada a sabiendas de su injusticia por parte del acusado». Afonso acoge este pronunciamiento judicial con alivio y tranquilidad, y prefiere ser prudente al hablar sobre su futuro. En el presente, opta por saborear con calma la rectificación de la justicia. EL DÍA conversó ayer con él, un día en el que tuvo que compaginar su jornada de trabajo como abogado con cientos de llamadas y mensajes de amigos, conocidos y medios de comunicación. «Una auténtica locura», confesó.

¿Cómo se enteró este miércoles de que había sido absuelto?

Fue una llamada de mi abogado, cuando iba de camino a casa ya entrada la tarde, que me comunicó que se había estimado el recurso.

¿Y qué fue lo primero que se le vino a la cabeza?

Me cogió justo llegando a casa. Estaba con mi mujer y mis dos niños e, inevitablemente, pensé en mi familia. Sobre todo en mi mujer, que fue la que más sufrió, junto con mi madre, que fue la primera persona a la que llamé. Ellas fueron las primeras en saberlo y las primeras en compartir conmigo la alegría que eso suponía.

¿Se ha quitado un gran peso de encima?

Sí. El que me conoce sabe que para mí los principios son muy importantes y también la honorabilidad, aunque en este tiempo nadie que yo conozca me la ha cuestionado. Para mí, no tenerla reconocida formalmente, pendiente de este recurso, me suponía un pequeño lastre, un pequeño peso que me he quitado de encima y que me deja mucho más tranquilo en mi fuero interno.

¿Confiaba en que se estimara el recurso o había llegado a perder la fe?

El transcurso del tiempo siempre contribuye a que puedan llegar algunas dudas o incertidumbres. Sin embargo, desde el principio, siempre dije lo mismo. Tenía la conciencia tranquila y creía que había obrado como tenía que obrar. Acataba el resultado de la sentencia en primera instancia, precisamente por mis convicciones y mi creencia en el sistema democrático y el Estado de Derecho. Pese a que a veces da muestras de desajustes y algunos problemas que hacen que la opinión pública pueda cuestionarlo, yo creo que vale la pena seguir confiando en él. Y esa es una de las grandes conclusiones que me gustaría que se pueda extraer de todo esto: aunque a veces tardan tiempo, al final las instituciones funcionan y colocan las cosas en su sitio.

¿Echa de menos que el ordenamiento jurídico ofrezca herramientas para corregir el daño ocasionado a quien dejó sus cargos por una sentencia ahora anulada?

Bueno, aunque pueda parecer algo injusto, uno tiene que asumir que al acceder a un cargo público esto puede pasar. A mí nadie me pidió que me fuera con la celeridad con la que me fui. Lo hice por la convicción personal de que era lo correcto. Por mí, por las instituciones a las que servía, por mi partido y por mis compañeros. No me costó tomar esa decisión porque nunca he tenido apego a los cargos y siempre he pensado que mi participación en la política era una circunstancia coyuntural. Considero que el paso por la política debe ser algo necesariamente temporal, aunque evidentemente me hubiera gustado poder elegir otra forma de ponerle un final. Lo asumí como vino y al final la justicia terminó por llevar las cosas a donde yo creía que tenían que ir.

¿Vuelve al Partido Popular?

Sí, puedo confirmar que hoy mismo he presentado la solicitud de alta en el partido y espero que los compañeros tengan a bien estimarla. Ya este miércoles se lo anticipé a los responsables del partido. Es un paso que asumo con total convicción. En este tiempo no he cambiado de principios ni de ideas políticas, así que vuelvo al Partido Popular para contribuir, en la medida de mis posibilidades, como un militante de base más, a que en el ámbito regional, insular o local pueda aportar mi granito de arena para que este proyecto político pueda llegar en las mejores condiciones a los próximos comicios.

¿Volverá a la primera línea política?

Ahora mismo no está en mi ánimo y no es mi intención. A corto plazo, mis objetivos están puestos en el ámbito profesional. Eso no implica que el día de la mañana las cosas puedan tornar de otra manera. No quiero decir de este agua no beberé ni me quiero arriesgar a contradecirme luego. Para ser sincero, ahora mismo, mi planteamiento personal es continuar con la actividad privada y, a corto plazo, no me veo en ningún cargo, por lo menos volviendo a la primera fila política.

Las próximas elecciones locales, insulares y regionales están previstas para mayo de 2023 y eso no se considera un corto plazo. Aún faltan dos años…

(Risas) En política los plazos sí hay que planteárselos con cierta amplitud y en este caso no pongo horizontes ni fechas concretas. Tampoco creo que ahora sea el momento de estar hablando de eso. Mi intención, a día de hoy, es seguir en lo que estoy y mantener la tranquilidad de la que disfruto también en otros ámbitos, como el familiar.

¿Qué llamada, felicitación o buenas palabras le han causado más sorpresa desde que se hizo pública su absolución?

Por sorpresa como tal, ya cuando tuve que abordar la salida de mis cargos en 2019 recibí mensajes de ánimo y de apoyo al margen de mi entorno directo y de mi partido. Especialmente valoré las que me llegaron desde otros destacados dirigentes de otras formaciones políticas. Y también las he recibido ahora, así que no es sorpresa, pero sí me hace sentir gratitud porque se demuestra que por encima de disputas partidarias o militancias ideológicas diferentes, muchas personas han entendido que el punto de partida de todo esto respondía a una idea de fondo de cierta injusticia.

Tras ser alcalde y consejero insular, ¿le atrae la idea de regresar a la política, en algún momento de su vida, en el Parlamento de Canarias?

Bueno, nunca voy a decir donde me gustaría estar. Tendría que ser el partido el que me lo planteara, llegado el caso, pero no es ni el momento ni la tesitura personal para eso. A mí me gusta la política como tal, y eso puede implicar cualquier ámbito. Insisto en que no es un planteamiento ni siquiera a considerar ahora. Estaré satisfecho con lo que pueda aportar en el ámbito interno y como militante de base para ayudar a los compañeros que quieran contar conmigo.

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